Los antibióticos han sido un recurso muy utilizado en el tratamiento de la acné como si el acné fuera una infección.

Cuando las glándulas sebáceas que hay debajo de la superficie de la piel se obstruyen las bacterias que quedan retenidas empiezan a proliferar, empiezan a crecer y por lo tanto tenemos infecciones secundarias derivadas esta producción excesiva de sebo.

Desde hace décadas los dermatólogos y los médicos han recurrido al uso de antibióticos tanto por vía tópica como por vía oral. Se calcula que en el planeta tres cuartas partes de las personas con acné son tratadas con antibióticos.  En principio parece que es una buena solución pero si nos fijamos detalladamente en las características de los antibióticos y del proceso del acné vamos a ver como no es la solución más idónea.

La mayor parte de los acnés tratados con antibióticos vuelven a recurrir una vez cesa el tratamiento con antibióticos y los antibióticos por otro lado tienen muchísimos efectos secundarios.

  1. Las bacterias que quedan obstruídas en el acné aprenden a generar resistencia a los antibióticos.
  2. Los antibióticos aumentan la predisposition a sufrir enfermedades como bronquitis, faringitis o enfermedad de Crohn entre otros.
  3. Los antibióticos matan la flora intestinal buena, que es crucial para protegernos e inmunizarnos de muchas enfermedades .
  4. La toma de antibióticos aumenta el riesgo de tener cáncer de mama.
  5. Se incrementa el riesgo de cáncer colorectal.

La toma de antibióticos puede ser una solución transitoria y pasajera, pero a largo plazo produce muchos problemas.

Por lo tanto los dermatólogos debemos evitar el uso de los antibióticos en el tratamiento del acné.

Cual es la solución? Enfocarnos en el problema más importante que es la glándula sebácea, reduciéndola de tamaño y reduciendo la producción de sebo con láser y retionides (derivados de la vitamina A).

Olvidémonos de los antibióticos, hemos usado antibióticos durante muchas décadas pero causan mas problemas de los que resuelven.